EL BUS DE LOS SUEÑOS
Temprano
en la mañana, 5:45, para ser exactos, llega hasta la esquina del barrio el bus
escolar para recoger a Natalia, grado noveno.
Natalia
se sube al bus más dormida que despierta, el agua fría del baño no le ha
espantado el sueño ni el ligero desayuno que tomó. Se sube al bus y como es una
de las primeras estudiantes que recogen
en el barrio Belén, sabe que podrá echarse un “motoso” mientras que
llega al colegio pues aún faltan 45
minutos de recorrido.
El
conductor, amable le sonríe y enseguida busca en el dial “La vallenata”. Uno a
uno van subiendo al bus los demás estudiantes cargados de trabajos, van
cantando “hay hombe olvidarla no es posible…” y Natalia piensa que con ese
ruido será imposible el “motoso”.
Los
muchachos de los grados superiores le hacen bromas, le tocan la cabeza, hablan
más fuerte y en fin, Natalia sabe que tendrá que conformarse con mirar por la
ventana e ir recorriendo con sus grandes ojos los paisajes mañaneros con el sol
ya tibiando las ventanas del bus.
De
pronto, mira hacia el lado y ve a un
niño angustiado porque dejó su trabajo encima de la mesa, a otro joven pálido y
con ganas de trasbocar, más allá ve a unos
estudiantes haciéndole la broma a un compañero y cuando quiere cerrar
los ojos no puede porque el bus ya ha llegado al colegio.
Estudiará,
se verá con sus amigos, y luego volverá a mecerse en la rutina del bus de los
sueños.
Andrea
Martínez
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