domingo, 7 de abril de 2013


EL BUS DE LOS SUEÑOS


Temprano en la mañana, 5:45, para ser exactos, llega hasta la esquina del barrio el bus escolar para recoger a Natalia, grado noveno.

Natalia se sube al bus más dormida que despierta, el agua fría del baño no le ha espantado el sueño ni el ligero desayuno que tomó. Se sube al bus y como es una de las primeras estudiantes que recogen  en el barrio Belén, sabe que podrá echarse un “motoso” mientras que llega al colegio  pues aún faltan 45 minutos de recorrido.

El conductor, amable le sonríe y enseguida busca en el dial “La vallenata”. Uno a uno van subiendo al bus los demás estudiantes cargados  de trabajos, van cantando “hay hombe olvidarla no es posible…” y Natalia piensa que con ese ruido será imposible el “motoso”.

Los muchachos de los grados superiores le hacen bromas, le tocan la cabeza, hablan más fuerte y en fin, Natalia sabe que tendrá que conformarse con mirar por la ventana e ir recorriendo con sus grandes ojos los paisajes mañaneros con el sol ya tibiando las ventanas del bus.

De pronto,  mira hacia el lado y ve a un niño angustiado porque dejó su trabajo encima de la mesa, a otro joven pálido y con ganas de trasbocar, más allá ve a unos  estudiantes haciéndole la broma a un compañero y cuando quiere cerrar los ojos no puede porque el bus  ya ha llegado al colegio.

Estudiará, se verá con sus amigos,  y luego volverá a mecerse en la rutina del bus de los sueños.


                                                                                                                     Andrea Martínez

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