domingo, 5 de mayo de 2013


LA CASETA DE DOÑA BLANQUITA

El barrio San Martín, de la localidad de Picaleña, se sitúa a lado y lado de la carretera panamericana junto al colegio Nuestra Señora de Fátima. Vive aquí gente sencilla, buena y trabajadora. Aquí, a un costado de la carretera se encuentra la caseta de doña Blanquita, mujer trabajadora, bonachona y simpática, que les vende el tintico a los profesores del Nusefa y a todo viajero que quiera refrescarse con una gaseosa o una cerveza.

Por ser una vía nacional, los vehículos por esta zona transitan a grandes velocidades,  las tractomulas son vehículos muy  frecuentes en  el sector pues llevan carga pesada para Bogotá o para el Pacífico. En ocasiones exceden la velocidad y una falla mecánica puede ocurrir en cualquier momento, Un día en que Doña Blanquita se alistaba para abrir su caseta a las 6:30 de la mañana una tractomula fue a dar al patio de su casa. Ella que estaba adentro de su casa escuchó el estruendo y cuando salió a la puerta pudo ver que la trompa de la tractomula estaba frente a ella. Casi se desmalla y perdió la memoria por unos minutos.

La misericordia del Señor nos salvó a todos,-Dice Doña Blanquita-. Que no podía creer que semejante gigante  hubiera entrado a esa velocidad, en medio de la casa y su caseta y no hubiera cogido a su gato y a su gallina que estaban en ese momento en el patio de la casa.

También ayudó el coraje del policía que colaboraba con el tráfico para que los buses del Nusefa entraran sin problemas, pues desde arriba vio como el conductor de la tractomula hacía esfuerzos por parar pero no podía y sacó de su pecho el grito más desaforado que pudo emitir y  produjo que todos corrieran y nadie saliera herido o con algún rasguño. Nadie sufrió daño, ni la gallina que estaba en el Jardín, ni el gato que estaba echado cerca de la caseta de Doña Blanquita ni ningún ser humano.

Doña Blanquita cuenta su historia orgullosa de que el Señor le haya salvado la vida a ella y a la gente que estaba cerca y no se le hubieran dañado ni su casa ni su caseta. Hoy  ella sigue vendiendo los tintos, corrió de lugar la caseta y la siguen acompañando su gallina y su gato.

María Angélica León 

No hay comentarios:

Publicar un comentario