El barrio San Martín, de la localidad de Picaleña, se sitúa a lado y
lado de la carretera panamericana junto al colegio Nuestra Señora de Fátima. Vive
aquí gente sencilla, buena y trabajadora. Aquí, a un costado de la carretera se
encuentra la caseta de doña Blanquita, mujer trabajadora, bonachona y
simpática, que les vende el tintico a los profesores del Nusefa y a todo
viajero que quiera refrescarse con una gaseosa o una cerveza.
Por ser una vía nacional, los vehículos por esta zona transitan a
grandes velocidades, las tractomulas son
vehículos muy frecuentes en el sector pues llevan carga pesada para
Bogotá o para el Pacífico. En ocasiones exceden la velocidad y una falla
mecánica puede ocurrir en cualquier momento, Un día en que Doña Blanquita se
alistaba para abrir su caseta a las 6:30 de la mañana una tractomula fue a dar
al patio de su casa. Ella que estaba adentro de su casa escuchó el estruendo y
cuando salió a la puerta pudo ver que la trompa de la tractomula estaba frente
a ella. Casi se desmalla y perdió la memoria por unos minutos.
La misericordia del Señor nos salvó a todos,-Dice Doña Blanquita-. Que no
podía creer que semejante gigante hubiera entrado a esa velocidad, en medio de
la casa y su caseta y no hubiera cogido a su gato y a su gallina que estaban en
ese momento en el patio de la casa.
También ayudó el coraje del policía que colaboraba con el tráfico para
que los buses del Nusefa entraran sin problemas, pues desde arriba vio como el
conductor de la tractomula hacía esfuerzos por parar pero no podía y sacó de su
pecho el grito más desaforado que pudo emitir y produjo que todos corrieran y nadie saliera
herido o con algún rasguño. Nadie sufrió daño, ni la gallina que estaba en el
Jardín, ni el gato que estaba echado cerca de la caseta de Doña Blanquita ni
ningún ser humano.
Doña Blanquita cuenta su historia orgullosa de que el Señor le haya
salvado la vida a ella y a la gente que estaba cerca y no se le hubieran dañado ni su casa ni su caseta. Hoy ella sigue vendiendo los tintos, corrió de
lugar la caseta y la siguen acompañando su gallina y su gato.
María Angélica León
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